Que no nos falte el aire

Hay una pintada callejera, desde hace unos días, en una ventana del ayuntamiento de mi mini-ciudad. Dice así:

Es de las pocas cosas que no nos pueden prohibir, ¿ o sí ?

Mañana no buscarme, no voy a estar por aquí. Tenemos la diada nacional, me lo pasaré en casita con tranquilidad, nada de manifestaciones por que ya no vale la pena politizarse por nada ni nadie, dada la calidad política que tenemos, poco se merecen

Inclinadas

Según parece el Big Ben se está inclinando poco a poco. Algo parecido a lo que ocurrió en su día con la torre de Pisa. A simple vista se puede apreciar. En cifras una inclinación de  43.5 centímetros con respecto a la perpendicular.

Esto me hizo recordar, cuando hace unos años visité la población de Delft en Holanda. Esta ciudad que se encuentra entre La Haya y Rotterdam, tiene una  iglesia  ( la denominada vieja) que tiene una torre inclinada:

Depende desde donde le hagas la fotografía, se puede apreciar mejor la inclinación. Poco a poco se hunde, en estos momentos la desviación es  de 1,96 m sobre la vertical

Si algún día visitáis Holanda, os recomiendo visitar esta ciudad. Aparte de la torre inclinada, pasear por sus pintorescas calles , poder ver los canales, sus bonitas casas, su cerámica blanca y azul, es simplemente delicioso. Además se puede visitar el Centro Vermeer, sobre el famoso pintor Johannes Vermeer, autor del famoso cuadro La joven de la perla.

Y no os importe si no conocéis el idioma, nuestra anécdota fue que al oírnos hablar en catalán en una tienda. La dependienta nos dijo Bon dia y acabamos hablando sobre el Barça.

Tengo nostalgia viajera

Una profesión arriesgada

Cuando mis padres comenzaron a vivir en esta mini ciudad procedentes de Barcelona, fue en el año 1974. Sólo había tres colegios,  el de mi escolarización fue el que tenía una plaza libre, aunque luego pasé a otra escuela, privada como preferían mis padres. En fin, el colegio en cuestión es el colegio al que ahora acuden mis hijos.

Cada día para ir a clase pasaba por delante de una casa, un caserón, mejor dicho. Para mi mente infantil, aquella casa era misteriosa, muy misteriosa, tan misteriosa en proporción de su tamaño. En mi  pequeña cabecita era  enorme, si bien que realmente es bastante grande, actualmente. La mansión en cuestión estaba siempre custodiada por dos enormes perros, que correteaban y ladraban libremente por su jardín, acompañándote en paralelo por la calle. Ellos dentro y yo fuera.  Yo me imaginaba tenebrosas historias con la casa de fondo. Debido a su tipo de construcción, se me antojaba china,  la casa china, así la llamábamos en la familia. Bien que iba acompañada de mi madre para ir al cole, pero aún así tenía un gran  recelo hacia  la casa.

Todo temor desapareció al cambiar de cole. Pero como cosas del destino, el piso donde ahora vivo está en frente de esa casa. Aunque ahora ya no me da temor, si que todavía me da un poco de respeto, cuando a veces salgo al balcón y la observo, en especial si es de noche y las luces de su desván o buhardilla, se apagan mientras la contemplo.

Tras la introducción os la presento, aquí la casa china ( modo nocturno), aquí un@s amig@s:

Y lo que os quería enseñar, justamente hoy. Ayer ví en su jardín,  un profesión arriesgada, un jardinero podando un árbol de la casa china:

Nunca lo había pensado pero jardinero es una profesión muy arriesgada, viendo la altura a la que estaba, creo que más o menos un tercer piso:

Vértigo me daba verlo a través de la ventana y más vértigo todavía a pie de calle.

Pilladas in fraganti

En mi crónica de nuestros días en Lisboa, olvidé contaros una anécdota que tuvimos. Un día mientras caminábamos por un barrio, nos abrieron la mochila con la intención de robarnos. Mi marido suele llevar la mochila colgada a su espalda, pero como españoles que somos,  lo único que lleva en la mochila es agua, por el por si acaso nos roban. No sería anécdota si no fuera por que al ver las fotos tomadas, nos dimos cuenta que mientras intentaban el robo, yo estaba fotografiando un tranvía y justo a la derecha se pueden ver las ladronzuelas.

Las dos se colocaron entre mi marido y mi hija,  con los mapas extendidos una abría la mochila y la otra tapaba la visión a mi hija. Uno y otro se dieron cuenta, y ellas salieron con prisa. Yo sin enterarme, extasiada fotografiando el tranvía número………. 50 por lo menos ? :

Buen fin de semana a tod@s, esperando que acierte el hombre del tiempo,  lleguen por fin temperaturas otoñales y se lleven este maldito bochorno

Curioso

Ya he contado alguna vez que la mini-ciudad en la que vivo, está pegada a otra mini-ciudad. Existe una calle,  en la que una acera pertenece a un municipio,  y la otra a otro municipio, siendo la misma calle. No os cuento cuando se debe reparar el asfalto de la misma, las luchas sobre quien paga el desperfecto.

Para ir de una mini-ciudad a otra, existe un puente  peatonal y otro para los coches. Por debajo de ambos, pasa una de las autopistas de entrada a Barcelona.

El otro día de vuelta a casa, caminando por el puente peatonal, me encontré con esto:

El operario reparaba una cámara, quizás a más 5 metros de altura ( calculo ), con la autopista, repleta de coches circulando bajo él.

Aún llevando el arnés, sólo con verlo me daba miedo y vértigo.

Por cierto, es una maravilla llevar el móvil con cámara, se puede utilizar en cualquier momento, a veces te sientes un poco como un paparazzi.