Mis hijos comen lechuga, pregúntame cómo

El post de hoy es el típico de conversación de mamis, pero que hi farem, que decimos por aquí. Traducción: que se le va a hacer,  es una expresión que utilizamos cuando algo no tiene remedio

Mi eterna batalla con mis hijos es la lechuga. Pueden comer casi todo tipo de verdura, alguna vez con más ganas que otras, pero no hay manera que coman una simple ensalada. Y mis ensaladas contienen de todo, desde jamón serrano, pasando por palmitos, pepinillos, o huevos de codorniz. A veces lo que menos contienen es lechuga.

Además es un auténtico rollazo preparar ensaladas intentando convencer a todos, incluído al padre. Uno que le gustan los cherrys, a los otros dos, yo  sin problema, espárragos sólo a mí me gustan, aceitunas a uno verdes y negras a la otra las negras,  ni verlas, y así etcétera, etcétera.

Aún con la negativa que tienen hacia las ensaladas, su madre es muy pero que muy testaruda y no tira la toalla. Así que la otra noche pensé que con la bandeja giratoria que tengo de Ikea y unos cuencos, quizás tenía la solución, Y así fue, espero que siga siendo así. Ensalada al gusto. Todo tipo de vegetales, algún que otro tipo de queso, y alguna que otra conserva ( el salmón ahumado sólo lo comí yo). Para el aliño aceite de oliva y variedad de vinagres: crema balsámica, de Módena, y el típico blanco,  que para eso también les gusta escoger.

Así girando y girando, iban añadiendo ingredientes a sus platos a su gusto y lo mejor fue que hasta la lechuga se comieron.  Además disfrutaron con la zanahoria macerada en azúcar, en esto coinciden todos. Otro día contaré lo sibarita que soy con las lechugas, o quizás ya lo he contado