12/12

Cuando era pequeña y mis amigas de escuela hacían juegos y planes de bodas y niños, a mí nunca me gustaba participar. Siempre decía que me casaría con muchos más años que ellas, por que en mis planes, si acaso los tenía con 13 ó 14 años, no estaba conocer al hombre de mi vida.

Con los años la cosa no cambió demasiado, de hecho el primero que me habló de un futuro en común y boda, se quedó plantado y lejos, lejos de mí. Ahora pienso que quizás fuí un poco cruel, pero al menos no fué en medio del altar.

Como todo tiene un hasta que…., a mí también me ocurrió, hasta que encontré el hombre de mi vida. Y ocurrió que lo que no entraba en mis planes de futuro, se fueron colocando poco a poco: una vida en común, una boda, una casa tradicional, un perrito y unos hijos.

Yo no quería tener hijos, no me gustaban los niños decía yo, aunque en realidad lo que no quería eran responsabilidades. No quería perder mi libertad, mi independencia y mi tranquilidad. Pero un día 12 de diciembre de hace 11 años, nació una personita que cambió por completo todas mis ideas y fue uno de los dos hechos que me han hecho más feliz en mi vida. Cuando miro atrás, veo lo rapidísimo que ha pasado el tiempo y la que era mi niña cada vez está siendo menos niña y más lo que denominan con la etiqueta de pre-adolescente. Lo peor de todo esto es que me estoy convirtiendo en la mala, o sea en la madre, palabras que oía en boca de mi madre ahora las  suelto yo , y no quiero ser la mala, no, no y no quiero.

En fin, ser madre es difícil pero una de las mejores cosas que me han pasado, de las que me siento más orgullosa y más feliz. Sólo puedo decir que gracias, Júlia. Gracias por demostrarme lo equivocada que estaba. Desde el primer momento en que te sostuve en mis brazos, con tus ojos verdes observándome con el entrecejo fruncido, desde ese primer momento sabía que existiría una conexión entre nosotras especial e inquebrantable, como lo está siendo día a día. Felicidades, mi nena, te quiero muchísimo.