De risas

Cuando tienes niños en casa, existe una balanza con momentos buenos y momentos malos. Aunque hay algunas  veces, yo lo admito, que te sacan de quicio, hay algunas otras que te hacen sonreír, y olvidar los enfados.

Es lo que me ocurrió el otro día. Tengo una habitación que en un principio iba a ser mi estudio de pintura pero con el tiempo se ha convertido en cuarto de plancha, estudio, trastero, espacio de creación y sala de proyección. En definitiva una habitación multiusos. La cuestión es que el otro día saliendo del mismo, con la ropa recién planchada, alzo la vista y me encuentro con esto en la pared:

En un  principio me llevé un sobresalto, pero pronto me dí cuenta que se trataba de una broma de mis hijos. Además el “artilugio” utilizado es de lo más asquerosito que existe, un bicho de silicona que se pega a todas partes, lo tiran, se extiende y se pega. Vaya que colma la paciencia del padre más paciente.