Mamá desastre

Desde un principio debéis saber que a mi los niños en general nunca me han gustado demasiado. Nunca me han llamado la atención ni los bebés,  ni los niños pequeños a no ser que fueran excepcionalmente graciosos. Para que os imaginéis como era yo que si encontraba por la calle a un bebé  y a su lado un perrito paseando, mis ojos se iban directamente al perrito. A partir del nacimiento de mis hijos, algo cambió y ahora me miro con mejores ojos a los bebés y a los niiños, mi vista no se va tanto hacia  los perros a no ser que sean excepcionalmente graciosos. Aunque que debo admitir que no se me cae la baba viendo a los bebés como otras mujeres, la verdad.

Como los temas de niños en general nunca me han atraído, sé lo básico que debe conocer una madre para sus hijos, lo básico. básico. Algunas veces me siento y compruebo lo mamá desastre que soy, tal como me autodenomino. Eso es lo que días atrás,  sentí. Estaban bajo mi cuidado  unos familiares durante un fin de semana.  Les compré unas chucherías, al ofrecerlas, la niña de 5 años me dijo que la regailz, sólo se la dejaba comer su madre si había ido al baño, en caso contrario no se la dejaba comer, pero como si había ido,  podía comer. Yo ignorante total, me enteré que producía estreñimiento, también me lo confirmó un compañero de mi hija que encontramos en el parque, al que le ofrecí las cucherías.  Por lo visto lo mismo ocurría con su hermano. Fué entonces cuando por mi mente cruzó mi sensación de madre desastre, como una niña de 5 y un niño de 10 años, me estaban dando lecciones sobre regaliz.  Otro aspecto de mi nivel de desastre es ver lo que llegan a llevar las madres perfectas en sus bolsos, en comparación al mío que va lleno pero de cosas muy distintas.