Buscando en el baúl de los recuerdos

Muchas veces,  con una amiga bromeamos sobre si cuando lleguemos a la vejez vamos a padecer la enfermedad de síndrome de Diógenes, debido a la cantidad de cosas que guardamos cada una en su casa.

Ayer mientras buscaba una cosa en el trastero, me apareció una caja con un montón de discos de vinilo,  de hace un millón de años. Debo admitir que no tengo tocadiscos, y si me preguntáis por qué los guardo, es por motivos personales. Viendo la variedad de estilos musicales, debo admitir que mi gusto era extraño, iba desde pop español, pasando por ópera, rock y hasta bachata:

Muchos recuerdos vinieron a mi mente, por ejemplo un disco de Eros Ramazzotti que me regalaron unos jefes en mi primer puesto de trabajo, algunos reagalados por amigos, otros por familiares, pero todos con un motivo personal importante.

Lo malo es que ahora no tengo tocadiscos y no puedo escucharlos, pero aún así no los tiro. Y como si buscara en el baúl de mis recuerdos, vino a mi mente el primer tocadiscos que tuvimos en casa, uno de estilo portátil  de color verde y blanco. Luego tuvinos un equipo más completo, más tarde yo tuve mi primer walkman, luego una mini cadena con compact disc,  la cadena de música que compramos mi marido y yo, mi Ipod………….. y  hasta aquí mi breve historia de aparatos musicales.

Aquí os dejo una canción que escuchaba de mi adorado Eros, día sí y día también. Ahora pienso si pronto lo que cuenta será a la inversa, y estaré en el lado contrario:

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